Vaca Muerta mira a Brasil: Argentina avanza en exportar gas al gigante regional con inversión privada y sin el Estado de por medio

La Secretaría de Energía del Ministerio de Economía publicó ayer el informe técnico elaborado por el Grupo de Trabajo Bilateral Argentina-Brasil, creado para evaluar cómo llevar gas natural argentino al mercado brasileño. El documento es el resultado de un trabajo técnico conjunto desarrollado durante 2025 con reuniones periódicas entre autoridades y equipos especializados de ambos países, además de consultas con productores, transportistas y comercializadores del sector.

El mensaje central del informe es claro: Argentina tiene gas de sobra para abastecer su mercado interno y exportar a largo plazo. El motor es Vaca Muerta y el crecimiento de la producción de la Cuenca Neuquina. El desafío es la infraestructura para llevarlo hasta Brasil.

Por qué Brasil y por qué ahora

Brasil es un mercado con fuerte potencial de expansión de demanda, especialmente en el segmento industrial. Necesita gas y Argentina lo tiene. Lo que falta es el caño que conecte ambos países — y el informe analizó cuatro rutas posibles para hacerlo: a través de Bolivia, Paraguay, Uruguay, o una conexión directa.

Cualquiera de esas opciones va a requerir nueva infraestructura de transporte en Argentina — en particular obras que permitan sacar mayores volúmenes desde Vaca Muerta hacia el norte y el este del país.

El cambio de paradigma: el Estado no va a construir nada

Acá está el punto que diferencia este proceso de cualquier proyecto energético de los últimos 20 años en Argentina.

El informe es explícito: el desarrollo de la infraestructura necesaria para exportar gas no se plantea desde un esquema de planificación centralizada del Estado empresario. Se plantea desde reglas claras para que el sector privado invierta, compita y defina las alternativas más eficientes.

La Ley 27.742 — la Ley Bases que impulsó Milei — habilita a cualquier interesado a obtener autorizaciones de transporte para construir y operar gasoductos y oleoductos. También habilita la figura de los “gasoductos dedicados” o “de acceso restringido”, diseñados específicamente para promover mercados de exportación sin intervención estatal.

Ya hay un antecedente concreto: existe una iniciativa privada para expandir la capacidad del Gasoducto Perito Moreno, lo que muestra que el sector tiene interés real en acompañar este proceso.

Qué significa esto para Argentina

Vale la pena recordar de dónde venimos para entender la magnitud de lo que está pasando.

Hace no tantos años, Argentina cortaba el gas y la luz en pleno invierno. Las familias se quedaban sin calefacción, las industrias paraban, y el gobierno salía a comprar gas licuado de emergencia a precios internacionales — con sobrefacturación incluida, según dichos e investigaciones judiciales que todavía se tramitan. Un país con Vaca Muerta bajo los pies, pagando fortunas por el gas de otros.

Esa imagen — la del país rico en recursos que mendiga energía afuera — fue la realidad argentina durante años. No fue mala suerte. Fue el resultado de décadas de desinversión, precios artificiales que espantaban a los privados y un Estado que prefería subsidiar el consumo antes que producir.

Hoy la foto es otra. Argentina tiene gas de sobra para abastecer su mercado interno y exportar a largo plazo. El motor es Vaca Muerta y el crecimiento de la producción de la Cuenca Neuquina. Brasil necesita gas y Argentina se lo puede vender. No como favor ni como casualidad — como resultado de haber cambiado las reglas del juego y dejado que el sector privado invierta.

Un país que exporta gas genera dólares genuinos, crea empleo en el sector energético y reduce su dependencia del financiamiento externo.
El informe técnico ya está. La hoja de ruta existe. Ahora el turno es del sector privado.

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