Por Gregorio A. Caro Figueroa
Lo que antes se consideraban grandes y profesionales diarios, ahora degradaron a pasquines. Lo lograron al adjudicarse la facultad de juzgar y condenar, antes que se expida la Justicia. Al mezclar información con opinión, se apartan de una de las reglas de nuestro oficio.
Al proceder de este modo, subestiman y desprecian al lector. Fabrican “escándalos” ocultando o minimizando en “letra chica” aspectos positivos de nuestro país, que están siendo reconocidos, con datos estadísticos, por importantes organismos internacionales.
No se trata de añorar una prensa oficialista complaciente y cortesana. La necesidad es acceder a un periodismo de calidad, equilibrado, de lenguaje sobrio despojado de ardor “militante”, urdiendo y divulgando profecías catastróficas, malignas conjeturas e imaginadas intenciones.
Hoy estamos ante un periodismo nutrido de versiones, extorsiones y manipulaciones. Con recursos sofisticados y retorcidos, unos. Otros, donde lo rústico se disfraza de sofisticado, condimentado con pretensiones intelectuales. Con ambas herramientas se intenta blindar intereses corporativos.
Durante las dictaduras, también durante el primer kircherismo, esos medios y varios “periodistas estrellas”, se comportaron como mansos corderos. Hoy son, infalibles e intocables, lobos feroces.
Me permito opinar desde mi experiencia de periodista, a largo de 62 años. Lo ejercí como cronista, columnista y editorialista. Uno de los muchos ejemplos reciente de la negación de la ética periodística es prejuzgar, deformar, exagerar.
Uno de ejemplos más recientes de ensañamiento, que se reitera desde hace semana, como deliberado plan “escrache”, principal título de tapa es que, aún bajo sospecha, el Jefe de Gabinete, ManueAdorni, haya adquirido una propiedad en el barrio de Caballito, de clase media y media/alta.
Para esos medios, este tema, que en manos de la Justicia, para esos medios, es más importante que la hazaña de la misión Artemis II de la NASA o el que importantes organismos internacionales, hayan afirmado en estos días, que hoy nuestro país es el de mayor crecimiento en América latina.
Informar a los ciudadanos es la tarea de un periodismo con ética practicada, no declamada. Intoxicar y calumniar no es misión periodística.
Origen de este texto: @lilialemoine

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