Ayer la cuenta de Santiago Caputo compartió un artículo en inglés titulado “First principles thinking: how to see what everyone else misses” — en español: “Pensamiento de primeros principios: cómo ver lo que todos los demás no ven” — escrito por el creador de contenido @jaynitx, un joven que dejó la universidad y aprendió esta lección de la manera más cara: trabajando seis meses en algo que nadie quería.
Lo leímos y decidimos traducirlo en simple para nuestros lectores porque creemos que dice algo que hace falta escuchar en este momento.
Qué es el pensamiento de primeros principios
La idea viene de Aristóteles. Un primer principio es una verdad fundamental que no puede descomponerse más. La base. El fundamento. Lo que es verdad independientemente de lo que haga o piense cualquier otra persona.
Un ejemplo simple: el agua moja. No importa qué digan los demás, no importa si está de moda decir lo contrario, no importa si el gobierno de turno lo niega. El agua moja. Eso es un primer principio. Desde ahí podés construir — diseñar un paraguas, un canal de riego, una represa. Todo parte de esa verdad que no se negocia.
Razonar desde primeros principios significa partir de esas verdades fundamentales y construir desde ahí. No partir de lo que ya existe. No partir de lo que hacen los demás. Partir de lo que es verdad y avanzar desde ahí.
Lo opuesto es razonar por analogía — que es lo que hace la mayoría hacemos la mayor parte del tiempo. Mirar lo que existe y copiarlo. “Esto les funcionó a ellos, así que me va a funcionar a mí.” “Así es como siempre se hizo.” “Todo el mundo hace X, así que X debe ser correcto.”
Razonar por analogía, partiendo de lo conocido, es más rápido. Más fácil. Menos agotador mentalmente.
Pero tiene un techo. Nunca podés ir más allá de lo que ya existe copiando lo que ya existe.
El ejemplo de los cohetes
Elon Musk explica esto con SpaceX. Cuando empezó a pensar en cohetes, todos le decían que eran carísimos. Él no aceptó eso como una verdad inamovible y se preguntó desde cero: ¿de qué está hecho un cohete? Aleaciones de aluminio aeroespacial, titanio, cobre, fibra de carbono. ¿Cuánto cuestan esos materiales en el mercado? Resultó que el costo de los materiales de un cohete era aproximadamente el 2% del precio habitual.
El 2%.
El 98% restante era manufactura, mano de obra, gastos generales, etc. Cosas que potencialmente podían reducirse. Esa brecha entre el 2% y el 100% era la oportunidad. No mejorar los diseños existentes, repensar fundamentalmente cómo se construyen los cohetes.
La mayoría de la gente nunca hace esas preguntas. Simplemente acepta que “los cohetes son caros” como si fuera una ley de la física. Pero no lo es. Es solo cómo se han hecho las cosas.
Por qué copiamos sin darnos cuenta
Razonar por analogía no es estúpido o malo — es útil la mayor parte del tiempo. Si estás aprendiendo a cocinar, copiar recetas tiene todo el sentido. Si sos nuevo en una industria, copiar lo que funciona es una estrategia razonable.
El problema es cuando las analogías se vuelven invisibles. Cuando olvidás que estás copiando y empezás a creer que estás pensando.
El autor del artículo lo cuenta con honestidad: pasó seis meses construyendo algo que nadie quería porque copió el modelo de otras personas exitosas de su espacio. Nunca se preguntó si ese modelo tenía sentido para su situación particular. Cuando finalmente se detuvo y preguntó desde cero qué quería lograr — la respuesta era completamente diferente de lo que había estado construyendo. Es muy distinto preguntar “¿Por qué hago esto?” que “¿Para qué hago esto?”
Es como cuando Milei asumió. Todos los presidentes anteriores habían emitido moneda para cubrir sus gastos. Décadas atrapados en inflación porque nadie cuestionó la falsa solución que era la emisión. Todos copiaban el mismo modelo y el modelo destruía el país. Hacer algo diferente no requería ser un genio. Requería el coraje de detenerse y preguntar desde cero: ¿esto funciona? ¿Es verdad que emitir resuelve el problema o lo profundiza?
Las preguntas que ayudan
El pensamiento de primeros principios es básicamente el método socrático aplicado a los problemas. Tomar una creencia comúnmente aceptada y seguir preguntando “¿por qué?” y “¿es eso realmente verdad?” hasta que la creencia se demuestre o se derrumbe.
Las preguntas concretas son simples:
¿Qué sé con certeza que es verdad versus qué estoy suponiendo? ¿Por qué creo esto? ¿De dónde viene esa creencia? Si tuviera que reconstruir todo desde cero, ¿qué haría?
Preguntas sencillas. Pero reflexionar sobre ellas es difícil. El cerebro quiere saltarse esta parte y recurrir a las analogías más cómodas. El proceso incomoda porque te hace sentir que no sabés nada y en cierta medida es verdad.
Repetir algo no es entenderlo.
Un ejemplo cercano
En Marzo de 2026, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Milei explicó con precisión cómo razona su gobierno. Dijo textualmente: “En nuestra visión existe un claro orden de mérito. En primer lugar, están la ética y la moral en base a los valores de Occidente. En segundo lugar, ubicamos la eficiencia económica. Y, por último, en tercer lugar, el utilitarismo político. Cuando una política es justa, estos tres elementos estarán alineados; mientras que cuando estén en tensión, eso será una muestra de que dicha política es injusta.”
Eso es pensamiento de primeros principios aplicado a la política pública. No parte de “¿qué es conveniente políticamente?” “¿qué hará que me voten en la próxima elección?” “¿que le gustaría más a mis críticos?”— parte de “¿Es justo?” y construye desde ahí.
Por dar ejemplos:
-El equilibrio fiscal no es un capricho técnico, es una conclusión moral: no podés gastar lo que no tenés porque la deuda la pagan tus hijos sin haberla votado.
-La apertura comercial no es una decisión técnica, es una conclusión ética: restringir el comercio es robarle al ciudadano la libertad de elegir con su dinero.
Se puede estar de acuerdo o no con las conclusiones. Pero el método es el que describe el artículo de @jaynitx: partir de verdades fundamentales y construir desde ahí, aunque el resultado sea impopular, aunque nadie lo haya hecho antes, aunque todos digan que es imposible.
Por qué esto importa ahora en Argentina
Argentina lleva décadas atrapada en el razonamiento por analogía. “Así es como siempre se hizo.” “El Estado siempre tuvo que regular esto.” “Los empresarios siempre se llevaron todo.” “El campo siempre fue el enemigo.” Y llevado a las redes: “Como todos insultan por este tema, yo también lo tengo que hacer” — sin cuestionar las fuentes, sin detenerse a preguntar si lo que están leyendo es real, independientemente de quién lo comparte. Creencias que nadie examinó, copias de copias de ideas recibidas que se repiten sin cuestionar.
Y eso aplica también a la militancia. Quejarse, criticar, generalizar y señalar lo que está mal es razonamiento por analogía, “ellos hacen esto mal, nosotros haríamos mejor”. Es fácil. Es cómodo. Y tiene un techo.
Construir algo nuevo — un diario, una propuesta política, una empresa, una forma diferente de hacer las cosas — requiere el otro tipo de pensamiento. Requiere preguntarse desde cero qué es verdad, qué se está asumiendo y qué se haría si no existiera nada de lo que existe hoy.
La diferencia entre los que construyen y los que se quejan no es de inteligencia ni de recursos económicos. Es de método. Los que construyen se hacen preguntas incómodas. Los que se quejan repiten lo que ya escucharon.
“Nunca podés ir más allá de lo que ya existe copiando lo que ya existe.”
Eso es todo.

Creadora de PotusAmarillo.com · Paleolibertaria · Ultra fundamentalista de datos serios · Emprendedora · CABA, Argentina.
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