El huevo entrerriano llega a la Unión Europea, Japón y Chile: el SENASA supervisó la planta que lo hace posible

Detrás de cada exportación de huevo líquido o en polvo que sale de Argentina hacia los mercados más exigentes del mundo hay un proceso invisible para la mayoría: inspecciones, controles de temperatura, trazabilidad desde la granja hasta el destino final, y un organismo del Estado que certifica que todo está en orden. Sin eso, ningún país del mundo abre sus puertas.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria supervisó esta semana una planta procesadora de ovoproductos en Crespo, provincia de Entre Ríos — una de las localidades clave del corredor avícola entrerriano — para verificar que los estándares de inocuidad cumplan con los requisitos de la Unión Europea, Japón y Chile. Tres de los mercados más exigentes del planeta.

Qué se inspeccionó y por qué importa

La inspección — realizada por profesionales del Centro Regional Entre Ríos del SENASA — verificó el funcionamiento del Servicio de Inspección Veterinaria y el cumplimiento de los protocolos en cada etapa del proceso productivo.

Los puntos más críticos revisados fueron tres.
El quebrado: el momento en que el huevo pasa de ser un producto en cáscara a convertirse en huevo líquido — cualquier falla acá puede contaminar toda la producción.
La pasteurización: el proceso de calor que elimina bacterias y garantiza que el producto sea seguro para el consumo.
Y el secado por spray drying: la técnica que convierte el huevo líquido en polvo — el formato más exportado porque es más fácil de transportar y conservar.

También se verificó la trazabilidad del producto: la capacidad de rastrear cada lote desde la granja de origen hasta el destino final, dato indispensable para los mercados internacionales que exigen saber exactamente de dónde viene lo que consumen.

Los números que explican por qué esto importa

Argentina alcanzó en 2026 una producción histórica de 19.000 millones de unidades anuales, apoyada en una capacidad que supera las 60 millones de aves ponedoras. El consumo interno llegó a 398 huevos por habitante por año — el más alto del mundo según el comunicado oficial.

Y Entre Ríos es el corazón de todo eso. Solo en 2025 la provincia exportó más de 295 toneladas de huevo en polvo, 395 toneladas de albúmina y 559 toneladas de yema en polvo — además de enviar más de 11 millones de huevos en cáscara hacia Chile.
Con esa supervisión, se asegura que la producción de ciudades como Crespo, Colón y Nogoyá mantenga los máximos niveles de seguridad alimentaria global.

Las exportaciones de huevo industrializado crecieron un 20% en volumen — un salto que posiciona a los ovoproductos entrerrianos como un motor real de valor agregado para la economía nacional.

Por qué la supervisión del SENASA es la llave de acceso

La Unión Europea, Japón y Chile no importan alimentos de cualquier origen. Exigen auditorías, certificaciones y un historial sanitario impecable. Para que un producto argentino entre a esos mercados, el SENASA tiene que certificar que el proceso productivo cumple con los estándares internacionales.

Sin esa certificación, no hay exportación. Por eso la supervisión en Crespo no es burocracia — es la llave que abre las puertas de los mercados más valiosos del mundo para el huevo entrerriano.

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