La denuncia que nadie debería defender y el doxeo que nadie condena

Hace unos días pedí a mis lectores que esperaran más información antes de sacar conclusiones sobre una denuncia que el Diputado Pareja había hecho contra tuiteros por publicar en X
Me insultaron. “Las formas de las redes”, ¿viste?
Pedir contexto y sugerirle a mis lectores que piensen antes de reaccionar es “estar defendiendo a Pareja” (🤌🏻)

Al día siguiente, uno de los denunciados dijo en una entrevista en YouTube: “Fui asesor de bloque de Juntos por el Cambio. Milité, en el único partido que milité fue en la coalición cívica y me fui. Pero se me asocia, digamos, más al macrismo. La verdad que no estoy porque terminé denunciando a Cristian Ritondo”
Sí, resultó que tenía un historial previo con Pareja y él mismo reconoció que su aparición en la causa tenía más de vendeta personal que de otra cosa. Es que había denunciado a Pareja anteriormente.

Lo que en principio vi como un tuitero que posteó un meme y fue denunciado injustamente, se transformó en un abogado ajeno a LLA -que apoya a Milei- cuya aparición en la causa no era precisamente por su meme.
Además de contar que había estado en un bar con Pareja, contó que lo había denunciado en una causa que fue archivada por Lijo — me acordé del LijoNO tan de moda entre algunos amarillos-.

Me sorprendió que insistiera con que había que “putear a Pareja”, como si entre los que miraban faltase motivación, motivos o necesitásemos permiso. También me sorprendió que hablara de pibes desmotivados como si Buenos Aires y el Diputado en cuestión fueran toda la Argentina y no hubiera militancia motivada con este Presidente.

Terminado el programa entendí que no estamos hablando de un pibe tuitero que postea memes y es denunciado. Estamos hablando de un abogado que se sentó en una mesa de bar con Pareja a charlar, que lo denunció y que ya tienen historial de conflictos. Y que el origen de la causa no fueron tuiteos enojados, sino doxeo y amenazas que no se mostraron para no divulgar teléfonos.
En el medio, y esta parte es importante: según dijeron, hay cuentas — y familiares de esas cuentas — que genuinamente solo se expresaron o no tenían nada que ver y quedaron expuestas en sus datos personales por ser investigadas en la causa.

Qué loco. Al final sí había un montonazo de cosas detrás. Las cuentas “supuestamente libres” no lo eran todas y valía la pena esperar, ¿no?
Pero ese no es el fondo. El fondo del asunto son dos principios que para mí no se negocian. Nunca. Sin importar quién los viole.

El primero: denunciar penalmente a personas por escribir sus opiniones en redes sociales está mal.

No importa si el denunciante es un funcionario público, un militante, un periodista o un ciudadano común. No importa si las opiniones son crudas, hirientes o incómodas. La libertad de expresión no se negocia según quién incomoda a quién. Escribir lo que uno piensa no es delito.
Un funcionario público que llega al poder con votos de ciudadanos libres tiene que tolerar la crítica de esos ciudadanos — incluso cuando duele, incluso cuando le perezca injusta. Esa es la condición básica de estar en política: jamás le vas a agradar a todos, sin importar lo que hagas. Y hoy, podés bloquear y silenciar a los que no querés leer.

Cuando alguien usa el aparato judicial para silenciar opiniones que no le gustan, no está protegiendo su honor. Está atacando la libertad de todos. Porque el precedente que deja no es “no me insultes a mí” — es “cuidado con lo que escribís, porque te puede llegar una citación a casa.” Ese precedente es peligroso. Y lo es sin importar la ideología del que lo genera.

El segundo: publicar datos personales de alguien en redes sociales también está mal.

Domicilio, teléfono, datos de la familia, información del Renaper. Doxear a una persona no es periodismo ni es activismo. Es poner en riesgo la integridad física de alguien real, con una dirección real, con una familia real.
Debería ser condenado por todos los que realmente valoramos la libertad de expresión.
No importa si la persona doxeada es un personaje público o un ciudadano anónimo. Exponer esos datos, sin permiso, es una invitación al daño y quien lo hace debe hacerse responsable de las consecuencias.

Una persona puede estar en política, pero su familia, — ajena a eso — no tiene por qué padecer las consecuencias del trabajo del funcionario o de la militancia de un tuitero. Lo mismo aplica para todos los demás.
Cuando grandes medios doxean tuiteros, como han hecho, ponen en riesgo no solo a las familias y amigos, sino también el trabajo y la subsistencia de personas que jamás tendrán el poder económico y mediático de un periodista en un multimedio.

La denuncia por escribir ideas y el doxeo, pueden ocurrir en el mismo caso. Pueden ocurrir de lados opuestos.
Y las dos están MAL.

No elijo entre una y otra según quién las haga. No tengo un termómetro de la indignación que sube cuando lo hace alguien que no me gusta y baja cuando lo hace alguien que sí me gusta. O el principio vale siempre o no vale nada.

Y vale la pena decir también que si alguien hizo algo ilegal — sea quien sea — el camino correcto es la justicia. No las redes sociales.
Los insultos en X no resuelven nada, no generan consecuencias reales y no cambian nada. Lo único que hacen es alimentar el ruido, desgastar a los que gritan y darle munición a los que quieren vender que el espacio “está en llamas”.

Si hay un delito, hay fiscales, hay jueces, hay abogados. Ese es el camino.
El tridente digital no es justicia, es catarsis. Y la catarsis no construye nada — ni líneas internas, ni proyectos alternativos, ni listas de votantes reales, ni protección de votos.
Del insulto a la acción que genera verdaderos cambios, hay unos cuantos pasos.

Lo bueno de todo esto es que me dejó con preguntas:
¿Tomar las palabras que escribo y usarlas como munición para insultar injustamente a otros es respetar el proyecto de vida del prójimo?

¿Se respeta al presidente insultando públicamente a su hermana – mofándose de cómo la insultan y hasta insinuándole amantes-?

¿Sacar de contexto a las palabras de una cuenta que hace años viene defendiendo la causa — ad honorem y sin pauta — sin meterse con nadie, no es ir contra la militancia? ¿O es que ahora hay “militantes” y “militantes” y yo soy menos “militante” y no me enteré?

Desgraciadamente, algunos están tan sobregirados, vaya a saber para qué y por orden de quién, que sacan todo de contexto para generar odio e instalar que alguien dijo algo que no dijo (vease Gaslighting). Faltan el respeto a quien formó el partido e insultan a los que nos atrevemos a decir exactamente esto.

Y acá estamos. El derrape es total: todos puteando, repitiendo para no quedar mal con la manada, muchos sin tener la menor idea de cómo empezó verdaderamente todo.

El consuelo es que una mentira repetida mil veces no se transforma en verdad. Y el tiempo pone todo en su lugar.

En fin. Insultando, deformando y mintiendo, no se construye nada bueno.
El doxeo y las denuncias por escribir sientan precedentes que nos pueden afectar a todos.
Para tener políticos distintos necesitamos ser otra clase de militancia.

Y si no respetamos nuestros principios fundaciones en nuestras acciones cotidianas, nada de todo este esfuerzo va a perdurar sin importar quien sea la cara de turno.

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