Argentina tiene el registro de marcas más rápido del mundo: de años de espera a 30 días

Registrar una marca en Argentina podía demorar hasta dos años. Trámites, observaciones de oficio, expedientes que se acumulaban, burocracia que nadie pedía pero que todos pagaban con tiempo y plata. Eso terminó.

El Instituto Nacional de la Propiedad Industrial publicó ayer en el Boletín de Marcas el primer grupo de solicitudes aprobadas bajo el nuevo sistema implementado por la Resolución 583/2025, firmada por el presidente del organismo Carlos María Gallo. El ministro de Desregulación Federico Sturzenegger lo celebró en su cuenta oficial de X: “Argentina se había convertido en el país con la emisión de marcas más rápida del mundo.”

Cómo funciona el nuevo sistema

El mecanismo es simple y por eso es poderoso.

Antes, el INPI revisaba cada solicitud de marca de manera exhaustiva — chequeaba si había marcas similares registradas, si el nombre podía generar confusión, si existían antecedentes que justificaran un rechazo. Ese proceso podía extenderse años, con idas y vueltas entre el solicitante y el organismo, observaciones que generaban nuevas respuestas, expedientes que dormían en escritorios. El Estado actuaba como árbitro de conflictos privados aunque nadie le hubiera pedido que interviniera.

El nuevo sistema cambia la lógica. El INPI ahora solo revisa dos cosas en la solicitud: que la marca no copie a otra ya registrada y que el nombre no sea el término genérico del producto — es decir, que nadie pueda registrar la marca “pantalón” para vender pantalones y bloquear a los demás. Verificadas esas dos condiciones básicas, la marca se publica por un día en el Boletín de Marcas. Desde ese momento empieza a correr un plazo de 30 días para que cualquier tercero que tenga un interés legítimo presente una oposición. Si nadie lo hace, la marca se concede automáticamente.

La clave del cambio es filosófica tanto como procedimental: si alguien tiene un conflicto con una nueva marca, que lo diga. Que sea el privado quien defienda su interés, no el Estado quien lo anticipe de oficio. Eso elimina trabas que no eran protección sino burocracia.

Qué cambia en la práctica

Para un emprendedor que quiere registrar su marca, la diferencia es concreta. Antes entraba en un proceso cuyo final no podía prever — podía durar meses o años dependiendo de las observaciones que surgieran. Ahora tiene un horizonte claro: 30 días desde la publicación. Si no hay oposición, tiene su marca. Punto.

Para las empresas con marcas ya registradas, el sistema también es más claro: tienen 30 días para monitorear las publicaciones del Boletín de Marcas y oponerse a cualquier solicitud que consideren conflictiva. La responsabilidad de defender el propio interés pasa al privado, que es donde corresponde.

El nuevo procedimiento entró en vigencia el 1° de marzo de 2026 y aplica tanto a las solicitudes nuevas como a las que ya estaban en trámite. Las notificaciones son electrónicas y los plazos corren desde el día siguiente a la notificación, sin tiempos muertos.

El primer resultado

Ayer, poco más de un mes y medio después del inicio del nuevo sistema, el Boletín de Marcas publicó el primer grupo de solicitudes aprobadas bajo este esquema. Es la validación concreta de que el mecanismo funciona. Sturzenegger lo resumió sin vueltas: “Así logramos el liderazgo mundial que nos exige nuestro presidente Milei.”

Un trámite que tardaba hasta dos años. Ahora tarda 30 días. Eso es desregulación con resultado visible.

Copy link