Punto de quiebre para el crecimiento a largo plazo argentino

(Imagen ilustrativa generada con IA por Potus Amarillo)

Las elecciones de medio término (octubre 2025) provocaron una caída muy fuerte en la demanda de dinero, ya que las personas se desprendieron de los pesos para irse a dólares por el susto que generaba una posible victoria del kirchnerismo. Este movimiento tuvo como consecuencia un paro en el proceso desinflacionario que venía llevando a cabo el equipo económico del presidente Javier Milei y una baja en el ritmo del crecimiento económico (se venía creciendo a un ritmo del 6.5% anual y terminó en 4.4% en el 2025).

     Además de lo comentado en el párrafo anterior, dos shocks provocaron algunas dudas sobre el plan del gobierno para bajar la inflación. El primero de ellos, fue la suba de la carne entre noviembre y febrero que, al tener una incidencia elevada en el índice de precios que mide el INDEC, trajo como consecuencia que el IPC se mantuviera cerca del 3% (enero y febrero midieron 2.9% respectivamente). Por si esto fuera poco, apareció el segundo shock, el conflicto USA – Irán y el bloqueo en el estrecho de Hormuz por donde pasa el 20% del petróleo diario. Este conflicto llevó los precios internacionales del commoditie del rango 60-65 al rango 100-110 dólares, llevando la inflación del mes de marzo a un 3.4%.

     En paralelo al tema inflación, también tuvimos un cimbronazo con el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) del mes de febrero con una baja importante tanto intermensual con respecto a enero del 2.6% como interanual con respecto a febrero 2025 del 2.1%. Estos datos incentivaron aún más el “la gente no llega a fin de mes” y la “estanflación” de los medios de comunicación. Pero este dato vino con particularidades que los medios no dijeron; primero, febrero de este año tuvo dos días hábiles menos que el febrero de 2025 y, segundo, hubo un paro general (más paro de actividades en varios sectores por 2 o 3 días) por el tratamiento en el Congreso de la Reforma Laboral.

     Pero entre marzo y abril el clima empezó a cambiar. En marzo tuvimos una fuerte recuperación de la actividad industrial (recuperó todo lo que perdió en febrero) y muy fuerte en construcción (más del 12% interanual), y en otros sectores se vieron muchos números positivos, lo que me lleva a estimar un EMAE de marzo arriba del 2% intermensual con respecto a febrero. En abril, también estamos observando números positivos en actividad económica y, lo más importante, vimos un quiebre en la “tendencia alcista” de corto plazo de la inflación, cerrando en 2.6% y con datos preliminares que dejarían el índice entre 2.2% – 2.4% para mayo.

     A todos estos datos, hay que sumar una fuerte compra de dólares por parte del BCRA (1.671 millones en marzo y 2.769 millones en abril), la baja y la estabilidad en las tasas en pesos de los activos financieros (tasa Tamar en 22%, Badlar en 20% y las Lecaps rindiendo por debajo del 2% de TEM) que permiten ir refinanciando las deudas provocadas por las altas tasas que se vivieron como consecuencia de las elecciones, repunte del crédito en pesos (especialmente abril), el superávit comercial con el resto del mundo producto de una aumento muy importante en las exportaciones, el mantenimiento del ancla fiscal con el superávit primario y financiero, privatizaciones importantes (Transener, Hidrovía, AYSA, entre otras), concesiones de rutas nacionales y financiamiento externo asegurado para pagar los vencimientos de julio 2026, enero 2027 y julio 2027.

    Y como si todo lo enumerado hasta ahora fuera poco, aparece el RIGI (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones) que ya lleva casi 140.000 millones de dólares en proyectos de inversión (30.000 millones de dólares aprobados aproximadamente) y dentro de este número está el mayor proyecto de inversión de la historia del país (y top 5 en inversión en energía en LATAM), el proyecto LLL Oil de YPF S.A. por 25.000 millones de dólares para seguir explotando y creciendo en Vaca Muerta.

     Están todas las condiciones dadas, en el trimestre marzo-mayo se produjo un quiebre para que el crecimiento económico explote a tasas muy importantes (7%-8%) y se empezará a sentir fuerte a partir de julio-agosto acompañado de, otra vez, una tendencia bajista de la inflación que mejorará los salarios reales. Es el comienzo de un círculo virtuoso muy positivo para el país.

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