Milei en el Palacio Libertad: “Keynes era un genio del mal y es el brazo ejecutor de lo siniestro”

El martes 28 de abril de 2026, el presidente Javier Milei participó de un debate académico en el Palacio Libertad junto al diputado y economista Adrián Ravier y al economista Juan Carlos de Pablo. El tema: La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, el libro más influyente de John Maynard Keynes — el economista que dominó las universidades, los planes de estudio y la política económica del mundo occidental durante más de tres décadas.

Lo que siguió fue una clase magistral de teoría económica — con el Presidente en el rol del profesor más irreverente de la sala.

¿Quién era Keynes? — el hombre detrás del mito

Antes de destruir el libro, Milei reconoció la complejidad del hombre. Las obras completas de Keynes son 30 tomos. Él mismo lo admitió con honestidad: “Yo confieso: no leí los 30 tomos. Leí unos cuantos libros, pero no leí los 30 tomos.”
Pero La Teoría General sí la leyó — cinco veces: Ese libro sí lo leí, ese libro lo leí cinco veces. A ese le dediqué un libro que se llama Desenmascarando la mentira keynesiana.”

El moderador Adrián Ravier contextualizó al personaje: Keynes nació en 1883, estudió en King’s College en Cambridge, fue político, inversor financiero, coleccionista de arte y editor de una revista científica donde invitó a escribir a Hayek. Fue el economista más influyente entre más de 100 catedráticos consultados en Estados Unidos, por encima de Milton Friedman, Paul Samuelson y Friedrich Hayek.

El diagnóstico de Milei — “un genio del mal”

“Keynes intelectualmente era un genio, lo que pasa es que era un genio del mal. Creó una obra monstruosa.”

Milei no niega el talento de Keynes. Lo que niega es que su obra haya sido beneficiosa. “Entiendo que Keynes era un hombre de acción, intentó hacer algo para generar un remedio para una situación muy particular, y creo que el remedio fue peor que la enfermedad. El libro nos trajo grandes daños y logró que los economistas durante 37 años discutiéramos cualquier cosa.”

Cómo funcionaba la economía antes de Keynes — y cómo la rompió

Para entender por qué Milei considera la Teoría General una obra destructiva, primero explicó cómo funcionaba el análisis económico antes de ella.

La tasa de interés antes de Keynes era un mecanismo de coordinación intertemporal. En simple: conectaba el presente con el futuro. Cuando la tasa de interés sube, los bienes presentes se encarecen respecto a los futuros — y la gente ahorra más, postergando consumo. Cuando baja, los bienes futuros se encarecen — y las empresas invierten más, adelantando producción. Esa interacción entre ahorro e inversión determinaba la tasa de interés de forma natural.

“La tasa de interés existe porque existe el tiempo, no porque existe el dinero. Esto no es un tema menor.”

En el mercado de dinero, lo que se determinaba era el poder adquisitivo del dinero, o sea, el nivel de precios. “Cuando se produce un exceso de oferta de dinero, el poder adquisitivo del dinero cae y eso quiere decir que todos los precios expresados en unidades monetarias suben.”

Lo que hizo Keynes fue romper ese sistema. Primero rompió la función de consumo: en lugar de depender de los precios relativos entre presente y futuro, la hizo depender del ingreso corriente. Eso desde el punto de vista analítico es una aberración.” ¿Por qué? Porque Keynes había tomado solo seis meses de curso con Marshall — y aplicó lógica de equilibrio parcial donde correspondía equilibrio general.

El multiplicador — “el milagro de la multiplicación de los panes”

De esa aberración surge la criatura más famosa del keynesianismo: el multiplicador.

Milei lo explicó con un ejemplo que arrancó risas en la sala: si el consumo es el 80% del ingreso y la inversión el 20%, entonces cinco veces la inversión es igual al ingreso. “La locura total de todo esto es que lo que dice el modelo es que si ustedes llevan la inversión de 20 a 40, van a tener un PBI de 200. ¡Es magia! ¡Es magia! O sea, es haber encontrado el milagro de la multiplicación de los panes.”

Y para ilustrarlo recurrió a una anécdota con Alejandro Fantino — presente en la sala — a quien saludó y agradeció su presencia: “Así empezó todo. Ale me preguntó, me dice, viene un político y tiene un keynesiano y un libertario, me dijo. Y entonces me dice, a ver, explícame cómo funciona esto. Y le digo, bueno, mira, viene un político, tiene un problema, supongamos que tiene intenciones honestas de arreglarlo, y para tener distintas visiones llama a un keynesiano y a un libertario. Entonces el keynesiano le dice, usted tiene en sus manos el milagro de la multiplicación de los panes. Malditos los productores de pizarrón que los hacen tan chicos que no permite ver la magia que puede hacer el gasto público para llevarnos de vuelta al paraíso. Queda impresionado el político. Entonces viene y le llama al libertario y le dice, ¿y usted qué opina? Que el problema es usted, píquesela. ¿Quién terminó afuera? El libertario. O sea, Keynes ganó por goleada. Hayek, que no lo quiso criticar, cometió el error de su vida.”

La inversión — “por una cuestión lírico-testicular”

Después de romper la función de consumo, Keynes necesitaba darle un rol a la inversión. El capítulo 11 de la Teoría General Milei lo elogió: “Es una obra de arte. Todo aquel que se dedique a la inversión tiene que leer ese capítulo.” Pero el capítulo 12 lo borra todo: Keynes introduce el concepto de incertidumbre radical y concluye que los empresarios invierten por lo que Milei describió — siendo deliberadamente fino — como “una cuestión lírico-testicular. Es decir, invierten si se les canta.”

Con eso la inversión se vuelve un parámetro exógeno — un número que cae del cielo — y combinado con el multiplicador permite “determinar” el ingreso sin necesidad de precios, sin intertemporalidad, sin mecanismo de coordinación real.

El remate — lo que Keynes escribió con su propia mano en el capítulo 24

La parte más explosiva del debate llegó al final, cuando Milei leyó textualmente el capítulo 24 de la Teoría General — las propias palabras de Keynes: “El Estado tendrá que ejercer una influencia orientadora sobre la propensión marginal a consumir a través de un sistema de impuestos… fijando la tasa de interés… Creo, por tanto, que una socialización bastante completa de las inversiones será el único medio de aproximación a la ocupación plena.”

Y remató: “Es decir que Keynes quiere planificación central. Quiere controlar todo: qué consumen, qué ahorran y qué carajo invierten.”

Pero lo más impactante vino después. Milei comparó la propuesta de Keynes con la del economista polaco Óscar Lange — que proponía que el Estado controle los medios de producción pero deje que los consumidores decidan qué gastar. Keynes propone lo contrario: dejar los medios de producción en manos privadas pero controlar toda la demanda. “Eso tiene nombre y apellido: se llama Hitler y se llama Mussolini. Es decir, nazismo y fascismo.”

Y cerró: “¡Viva la libertad, carajo!”

La visión de De Pablo — el contexto que Milei no niega

Juan Carlos de Pablo aportó el contrapeso histórico que hizo al debate genuinamente interesante. Su argumento central: Keynes hay que entenderlo en su contexto. La Gran Depresión de los años 30 fue “la más larga, la más profunda, la más generalizada” — con tasas de desempleo del 20 al 25% en países como Estados Unidos e Inglaterra. En ese contexto, apareció un señor que dijo dos cosas: yo sé lo que está pasando y yo sé lo que hay que hacer.”

De Pablo fue honesto sobre los límites de todos: “Hayek en la década del 30 decía pelotudeces. Robbins en la década del 30 decía pelotudeces.”

Y lanzó la advertencia más clara de la noche sobre el uso que se hace hoy de Keynes: “Si vos, pensando en Argentina 2026, te ponés a leer esto buscando inspiración, sos parte del problema.”

La conexión con el programa económico

Milei no dejó pasar la oportunidad de conectar la crítica teórica con la gestión actual.

“Nunca nadie arregló el quilombo fiscal salvo nosotros que después de 123 años no solo que ajustamos, sino que corregimos el desequilibrio en apenas un mes.”

“El eje central es que no alcanzaba con arreglar el problema del Tesoro. Teníamos un quilombo del doble de tamaño en el Banco Central — que eran 10 puntos del PBI.”

“La única salida viable era reducir el gasto público. No solo corregimos el déficit fiscal, sino que además bajamos cerca de 20 impuestos, eliminamos algunos y bajamos la presión fiscal en 2,5% del PBI. Todo el ajuste significó devolverles a los argentinos 100.000 millones de dólares. La consecuencia de dejar de afanarle a los argentinos de bien 100.000 millones de dólares hizo que la pobreza pasase del 57 al 28.”

Y sobre los medios que distorsionan esa realidad: Nunca en la historia argentina hubo tanta discrepancia entre los datos reales y lo que los medios quieren vender. Meterse con los empresarios corruptos, meterse con los medios de comunicación corruptos, meterse con los periodistas corruptos, meterse con todo el entramado de corrupción en Argentina no es gratis.”

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