El ministro que explicó la desregulación con una metáfora de casamiento — y dejó sin palabras al Banco Mundial

Federico Sturzenegger viajó a Washington esta semana invitado por el Banco Mundial para exponer en el evento “From Policy to Jobs: Creating Business-Enabling Regulatory Environments”. Tenía pocos minutos. Los aprovechó bien.

El argumento central: ¿por qué regulamos el seguro y no el casamiento?

Sturzenegger arrancó con una pregunta que parece absurda hasta que te das cuenta de que no lo es.

¿Cuál es el contrato más riesgoso que firmamos en nuestra vida? El casamiento. Te unís con alguien que apenas conocés, ponés todo tu capital en juego, tenés hijos, y si la cosa sale mal las consecuencias son enormes — familias divididas, hijos afectados, años de consecuencias.

Y sin embargo nadie propone regular el casamiento. Nadie dice que debería haber un registro oficial de novios habilitados, ni un funcionario estatal que haga el match, ni un contrato escrito por un burócrata que diga quién lava los platos y cuántas veces por semana hay intimidad. Lo consideramos absurdo. Entendemos que la libertad de elegir con quién compartir tu vida es parte esencial de ser humano — con todos los riesgos que eso implica.

Ahora bien — dijo Sturzenegger — imaginá que querés comprar un seguro. Un seguro no aumenta tu riesgo. Es exactamente lo contrario: es un contrato que firmás para reducir tu riesgo. Y sin embargo para comprarlo tenés que hacerlo a una empresa registrada, a través de un productor de seguros habilitado, con un contrato redactado por un regulador.

“Si creemos que el casamiento debe ser libre, ¿por qué no pensamos lo mismo del seguro? Cada vez que estés pensando en regular algo, preguntate si eso aplicaría al casamiento. Y si pensás que no regularías el casamiento, pensalo dos veces antes de regular eso otro.”

La sala se rió. Y el argumento quedó plantado.

Los dos ejemplos concretos que cambiarán tu manera de ver la desregulación

Sturzenegger no se quedó en la teoría. Dio dos casos reales de lo que pasa cuando una regulación existe no para proteger a la gente sino para proteger los intereses de quien logró que el Estado la imponga.

Caso 1: Internet satelital estaba prohibido en Argentina.

Cuando Milei asumió, conectarse a internet satelital — como Starlink — era ilegal en Argentina. No porque fuera peligroso. Sino porque uno de los mayores conglomerados de medios del país, que también era proveedor de internet, había logrado que el Estado prohibiera esa competencia.

Milei eliminó esa restricción el día 10 de su presidencia. Hoy, 3 millones de argentinos — el 10% de la población — tienen acceso a internet satelital. Especialmente en zonas remotas donde el tendido de cable nunca llegó y probablemente nunca llegaría. Miles de negocios que antes no podían operar porque no tenían conectividad hoy funcionan. Sin que el Estado gastara un solo peso.

Caso 2: La importación de maquinaria usada estaba prohibida.

Los productores de maquinaria agrícola habían logrado que el Estado prohibiera la importación de maquinaria usada. El argumento era proteger la industria local. El resultado era que una empresa que no podía pagar USD 10 millones por una máquina nueva tampoco podía comprar el equivalente usado por USD 1 millón.

El Gobierno eliminó esa prohibición. Las historias que empezaron a llegar al ministerio, dijo Sturzenegger, son cientos: empresas que triplicaron o quintuplicaron su producción de un día para el otro simplemente porque pudieron acceder a un bien que antes el Estado les impedía comprar.

El otro dato que mencionó y que vale la pena destacar

Sturzenegger también explicó por qué cerraron el área de PyMEs del Ministerio de Economía — una decisión que sorprendió a muchos.

El argumento: la regulación es un costo fijo. Para una empresa grande, ese costo fijo es un escollo que puede superar. Para una empresa chica, puede ser directamente una barrera de entrada que la mata antes de nacer. Por eso, dijo, la mejor política para las PyMEs no es tener un área dedicada a ellas — es eliminar la regulación para todos. Eso las beneficia proporcionalmente más a ellas que a las grandes.

“No queremos que las empresas se queden pequeñas. Queremos ayudar a las empresas pequeñas a volverse grandes.”

El número que lo resume todo

En dos años y medio de gestión, el Gobierno llevó adelante más de 15.000 desregulaciones. Sturzenegger cerró su exposición con una idea que resume la filosofía detrás de ese número:

“La desregulación es un ciclo virtuoso. Cuanto más avanzás, más debilitás a los que se oponen a ella. Y entonces podés seguir avanzando.”

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