Durante 24 años existió en Argentina un régimen aduanero que permitía importar insumos sin pagar impuestos al momento del ingreso. Se llamaba Régimen de Aduana en Factoría — RAF — y sobre el papel sonaba muy bien. El problema era que en la práctica solo lo podía usar un sector: la industria automotriz. El 93% restante de la industria manufacturera quedaba afuera.
El Gobierno publicó el DNU 252/2026 en el Boletín Oficial y cambió eso. El RAF se extiende a toda la cadena productiva argentina.
Cómo funciona en términos simples
Imaginá que fabricás maquinaria agrícola en Córdoba. Para hacer tu producto necesitás importar componentes electrónicos desde Brasil. Hasta hoy, en el momento en que esos componentes entraban al país, pagabas todos los aranceles e impuestos de importación — aunque todavía no habías vendido nada, aunque todavía ni siquiera habías terminado de fabricar el producto.
Con el RAF, eso cambia. Los componentes entran sin pagar impuestos. Y después pasan dos cosas posibles:
Si el producto final se exporta: no pagás nada. El Estado no cobra porque el objetivo era producir para el mundo, y lo lograste.
Si el producto final se vende en el mercado interno: pagás los impuestos — pero recién cuando lo vendés, con hasta un año de plazo. No antes. No cuando todavía estás fabricando y tu capital de trabajo está comprometido.
La diferencia para una empresa, especialmente una pyme, es enorme. No es lo mismo pagar impuestos cuando entrás el insumo que cuando cobrás la venta.
Por qué no funcionaba antes
El régimen existía desde 2002 pero tenía dos trabas que lo hacían casi inutilizable para cualquier sector que no fuera la automotriz.
La primera era la garantía global única: para acceder al RAF, las empresas tenían que constituir una garantía financiera de alto costo ante la Aduana. Para una automotriz grande eso era manejable. Para una pyme metalmecánica, era una barrera imposible de cruzar.
La segunda eran las actas-convenio: para poder usar el régimen, cada sector tenía que firmar un acuerdo formal con el Estado a través de su cámara empresarial, negociando metas de producción y empleo. Un proceso burocrático que tardaba años y que en la práctica nunca llegó a completarse para casi ningún sector fuera del automotriz.
El DNU 252/2026 elimina las dos trabas. Las garantías ahora pueden ser las que cada empresa elija dentro del Código Aduanero. Las actas-convenio desaparecen. El acceso se simplifica eliminando los requisitos anteriores.
Quiénes se benefician
Los sectores que ahora pueden acceder incluyen maquinaria agrícola y metalmecánica, hidrocarburos, industria alimenticia y autopartes, entre otros. También se incorporan por primera vez los proveedores de las empresas adheridas al régimen — no solo los fabricantes finales sino toda la cadena.
El propio decreto lo reconoce: la experiencia del sector automotriz durante dos décadas demostró que el régimen funciona. Creció la producción, creció el empleo, crecieron las exportaciones. La pregunta lógica era por qué ese beneficio no estaba disponible para el resto. Ahora lo está.
El DNU entra en vigencia a los 60 días de su publicación (el 16 de junio de 2026), dando tiempo a las empresas para evaluar cómo adherirse.

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