El 8 de abril de 2026, la Administración Gubernamental de Ingresos Públicos de la Ciudad de Buenos Aires — más conocida como AGIP, el organismo recaudador porteño — publicó en el Boletín Oficial de la Ciudad una licitación para renovar el soporte y mantenimiento de su sistema de “Gestión de Identidades”. El monto: USD 471.075, equivalente a $667.042.200 de pesos al tipo de cambio del 9 de marzo de 2026. La apertura de ofertas está fijada para el 17 de abril de 2026.
Nadie cubrió esta noticia. La encontramos directamente en el Boletín Oficial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Qué es un sistema de “Gestión de Identidades”
Para entender por qué esto importa, hay que entender qué hace este software. Un sistema de Gestión de Identidades — en inglés, Identity and Access Management o IAM — es el programa que controla quién puede entrar a los sistemas informáticos de una organización y a qué información puede acceder cada usuario.
En el caso de la AGIP, ese sistema decide qué empleados, funcionarios y técnicos del organismo pueden ver los datos tributarios de los contribuyentes porteños: sus declaraciones de ingresos brutos, el estado de sus cuentas, sus domicilios fiscales, su historial de pagos. En otras palabras: es el portero digital de una de las bases de datos fiscales más sensibles de la Ciudad de Buenos Aires.
El propio documento del Boletín Oficial lo explica con claridad: el área técnica de la AGIP justificó la contratación señalando que renovar este sistema “resulta fundamental para la seguridad informática y para garantizar la confidencialidad, disponibilidad e integridad de la información del organismo”.
Por qué se contrata en dólares
El contrato está pactado en dólares estadounidenses porque, según el mismo documento oficial, se trata de un producto “desarrollado e importado en su totalidad desde la casa matriz del fabricante, ubicada fuera del territorio de la República Argentina”. Es decir: el software que custodia los datos fiscales de los porteños es de una empresa extranjera, cuya casa matriz está en el exterior.
El nombre del proveedor no figura en la disposición publicada — ese dato surgirá recién cuando se abran las ofertas el 17 de abril. Pero la estructura de la licitación, con dos renglones técnicos muy específicos y montos fijos en dólares, sugiere fuertemente que se trata de una renovación de un contrato preexistente con un proveedor único, lo que en la jerga de contrataciones públicas se denomina una “contratación con proveedor exclusivo” o con “un solo oferente posible”.
Los riesgos de esta decisión
Delegar en un proveedor extranjero el soporte y mantenimiento de un sistema tan crítico plantea riesgos que vale la pena nombrar, porque el propio campo de la ciberseguridad los documenta extensamente.
El primero es el riesgo de dependencia tecnológica. Cuando el soporte de un sistema crítico está en manos de un proveedor externo único, la organización pública queda atada a sus condiciones, sus precios y su continuidad. Si el proveedor decide no renovar el contrato, si quiebra, o si decide aumentar sus tarifas, la AGIP no tiene alternativa inmediata.
El segundo es el riesgo de acceso externo a datos sensibles. El soporte técnico de un sistema IAM implica, en muchos casos, que los técnicos del proveedor necesitan acceder de forma remota al sistema para resolver problemas o aplicar actualizaciones. Eso significa que personas ubicadas fuera del territorio argentino pueden tener acceso técnico — aunque sea indirecto — a la infraestructura que protege los datos fiscales de los contribuyentes porteños.
El tercero es el riesgo de soberanía de datos. Un sistema de gestión de identidades no almacena los datos tributarios en sí, pero controla quién accede a ellos. Si ese sistema falla, es vulnerado o es manipulado, la consecuencia directa es que personas no autorizadas podrían acceder a información fiscal sensible. Y si el proveedor que lo mantiene está radicado en el exterior, la capacidad del Estado argentino de investigar o remediar una brecha de seguridad es considerablemente más limitada.
El cuarto es el riesgo de opacidad en la renovación. La disposición establece que la licitación es consecuencia de una necesidad técnica informada por el área de Seguridad Informática de la AGIP. No surge del documento ninguna evaluación de alternativas locales ni ningún análisis de por qué no es posible desarrollar o migrar hacia una solución de software libre o nacional.
Los números en perspectiva
USD 471.075 puede parecer un número técnico y lejano. Pero puesto en contexto: son los dólares que la Ciudad de Buenos Aires pagará por un año de soporte de un sistema que nadie en la ciudadanía conoce y que custodia información de millones de contribuyentes. El contrato se renueva año a año, lo que significa que este gasto se repite en el tiempo de forma silenciosa.
La apertura de ofertas es el 17 de abril. Recién entonces se sabrá quién es el proveedor.
Potusamarillo seguirá el expediente.

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