El Miedo como Arma: De los Gerentes del Hambre y la secta estatista que ya no engaña a nadie

Les dijeron a los pobres que debían tener MIEDO porque Javier los dejaría sin planes.
Nos enteramos que eran los gerentes del hambre.

Les dijeron a los empleados del Estado que debían tener MIEDO porque se quedarían sin trabajo.
Nos enteramos de la cantidad de ñoquis que vivían del Estado.

Les dijeron a la gente con hambre que debían tener MIEDO porque se quedarían sin comida.
Nos enteramos, gracias a la ministra, cómo los intermediarios robaban hasta los fideos y el dinero pasó a ser directo de la gente.

Dijeron que debíamos tener MIEDO porque Javier:
cerraría el Congreso,
cerraría las escuelas,
cerraría las universidades,
cerraría los hospitales,
vendería nuestros órganos,
y ahora, que venderá el agua.

Por cada “cosa buena” que dijeron defender, descubrimos a los chorros que se robaban nuestro dinero.
Transformaron cada parte del Estado en una caja de la cual enriquecerse a costa de otros.Y no para ahí.

Todos los días pagan a medios para infundir miedo en la gente.

Usan las sesiones del Senado y de Diputados como escenario para mentir descaradamente y difundir ese terror.
Llegan a decir barbaridades como que este es un “gobierno militar”, y peleando contra sus propios reflejos en el espejo, van por la vida acusando a los demás de lo que ellos mismos son. Siempre intentando influenciar para mal en la gente, especulando con el adoctrinamiento de personas que, por comodidad o ignorancia, se creen cualquier cosa.

Durante años manipularon a este pueblo.
Ahora, la gente ya ve —como dice el presidente— “lo siniestro y nefastos que son la gran mayoría de los políticos argentinos escondiendo los curros detrás de causas nobles”.

No son partidos políticos. Son sectas.
Son la adoración al estatismo, a la viveza vividora. Son la adoración al miedo corrupto que manipula a otros.

Como advierte el gran economista libertario Jesús Huerta de Soto:
«Sueño con el día en que el Estado haya sido por fin desmantelado y solo sea recordado como una oscura y tenebrosa reliquia histórica».

Esta Argentina ya no tiene tiempo para perder el tiempo.
El pueblo despertó. El miedo ya no funciona.
Y los que vivieron del curro, del plan, del ñoqui y de la mentira, lo saben mejor que nadie.

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