Hay un género periodístico que el establishment mediático argentino perfeccionó durante décadas: la columna de análisis político que parece informar pero en realidad instala. No miente abiertamente. Selecciona. Omite. Enmarca. Y cuando termina de leerla, el lector queda con una sensación —no con datos— de que algo está muy mal.
La columna dominical de Joaquín Morales Solá en La Nación, titulada “Los obstáculos de Milei para la reelección”, es un ejemplo casi perfecto de ese género. Vale la pena analizarla no para defenderla ni para atacarla, sino para entender cómo funciona la maquinaria narrativa del periodismo con intereses.
Uno: la proyección sin fuente
La columna abre con una afirmación que parece un dato pero no lo es: que La Libertad Avanza y Pro perderían hoy una elección en la provincia de Buenos Aires y ganaría el peronismo. El propio Morales Solá no cita ninguna encuesta. Ningún número. Ninguna consultora seria. Y obviamente, no conoce lo que opinan los 47 millones de Argentinos. Solo escribe que “esa información la confirmaron dirigentes oficialistas y también los que se inscriben en el macrismo.”
Fuentes anónimas que coinciden en el peor escenario posible para el gobierno. Sin datos. Sin nombre. Sin fecha. En cualquier manual de periodismo básico, eso no es información. Es especulación con firma de columnista consagrado.
Las elecciones presidenciales son en 2027. Estamos en mayo de 2026. Afirmar hoy con certeza lo que pasaría en una elección dentro de más de un año, sin citar un solo dato serio, no es análisis político. Es construcción de relato.
Dos: omitir los datos económicos que incomodan
La columna menciona de pasada que “la economía había crecido significativamente en marzo”. Lo dice en una subordinada, casi de soslayo, para inmediatamente agregar que ese crecimiento no llegó a todos los sectores y que no se tradujo en imagen positiva para el Presidente.
Lo que Morales Solá no dice es lo siguiente, y aquí sí hay datos con fuente: La actividad económica registró un crecimiento del 5,5% interanual durante marzo 2026, según el INDEC, con el Estimador Mensual de Actividad Económica arrojando un avance del 3,5% respecto al mes anterior. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, Argentina crecería en torno al 3,8% en 2026, ubicándose por encima del promedio regional estimado en 2,1% y superando a las principales economías de la región como Brasil y México. Podemos hablar de las cosechas y exportaciones record de nuestro país pero nuestros lectores ya entienden la idea.
La economía argentina creció 4,4% en 2025, según el INDEC.
Esos números no aparecen en la columna de Morales Solá. No porque no existan. Sino porque no encajan en la narrativa que se está construyendo.
Tres: el estándar selectivo
Morales Solá dedica varios párrafos a criticar el “bullying” de Milei, su “intolerancia a la crítica” y lo que Macri y Bullrich llaman su “liderazgo emocional” para criticar y quedar bien. Son observaciones legítimas sobre las formas del Presidente. Pero el mismo columnista que hoy exige ecuanimidad y formas republicanas escribió durante años en La Nación sin aplicar ese mismo estándar a los gobiernos kirchneristas con la misma intensidad ni con la misma frecuencia. Y tampoco habla de las causas que originan ese “liderazgo emocional”.
El dato que Morales Solá tampoco menciona
El periodista Hugo Alconada Mon en una de sus notas en diario Perfil -allá por 2018- escribió que durante los primeros dos años presidenciales de Mauricio Macri el Estado nacional giró casi 6 millones de pesos a productoras de periodistas afines. Entre ellas, JMS y Asociados SA —cuyas siglas corresponden a Joaquín Morales Solá—. También recibieron pauta Luis Majul, Alfredo Leuco Luis Novaresio y Marcelo Longobardi entre otros.
“Porque cuando del mundo de la comunicación se trata, la dinámica excede a los periodistas y también abarca a los medios de comunicación y a sus dueños, aunque algunos prefieran olvidar tiempos pasados, del mismo modo que prefieren callar incómodas realidades presentes.” decía la nota en aquellos tiempos
Pero hay algo más reciente y más cercano que Morales Solá tampoco menciona: su propio diario, La Nación, que en el primer año de Macri recibía 118,7 millones de pesos, recibió durante 2024 $251.105.501 en pauta gráfica del gobierno del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, según la investigación que Potus Amarillo realizó sobre los archivos oficiales del gobierno porteño. Y lo que es más grave: desde 2025 el gobierno de CABA directamente dejó de publicar esos datos. No hay información disponible para 2025. Los medios que cobran esa pauta —incluyendo La Nación— no informan sobre esto. Como si gastar el dinero de los contribuyentes en proselitismo encubierto fuese algo que no merece ser discutido. [→ Ver investigación completa]
No es una acusación sobre la línea editorial de Morales Solá. Es un dato que el lector merece conocer cuando evalúa desde dónde escribe quien escribe. La independencia periodística no se declama. Se demuestra.
Cuatro: la mezcla de lo verificable con lo insinuado
La columna menciona tres causas judiciales que existen y son reales. Eso es verificable. Lo que “viborea” en su nota por la ausencia es que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
También viborea, entre sus párrafos, la seriedad cuando agrega versiones sobre Santiago Caputo, los hermanos Neuss, Manzano y Jan de Nul con un nivel de detalle que mezcla hechos confirmados con rumores de pasillo atribuidos a fuentes anónimas, sin distinguir claramente unos de otros.
El resultado es una columna decorada con fotos maliciosas que parece un informe de investigación pero en realidad es una acumulación de sospechas con firma de periodista consagrado. La diferencia entre periodismo de investigación y periodismo de insinuación es simple: el primero tiene documentos. El segundo tiene fuentes que “dijeron” y versiones que “circulan”.
Por qué importa entender esto
Morales Solá no es un caso aislado. Es un exponente de un modelo de periodismo que La Nación, Clarín y los grandes grupos mediáticos argentinos perfeccionaron durante décadas: la columna de opinión disfrazada de análisis, con fuentes anónimas en lugar de datos, con omisiones estratégicas en lugar de mentiras directas, y con un tono de gravedad institucional que le da al lector la sensación de estar leyendo algo serio.
El propio Morales Solá, presidente de la Academia Nacional de Periodismo, habló de la necesidad de “una mirada justa y un poco crítica y escéptica” del periodismo. Es una definición impecable. Lástima que su propia columna dominical no siempre la cumpla.
Nuestro diario no tiene pauta oficial. No tiene productora que cobre del Estado. No tiene redacción financiada por grupos empresarios con intereses en las decisiones del gobierno.
Por eso puede decir lo que acaba de decir.

Creadora de este diario libre de pauta y ad honorem · Paleolibertaria · Emprendedora · CABA, Argentina.
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