Durante décadas, el Estado argentino gastó más de lo que recaudaba. Esa diferencia la cubría emitiendo dinero, tomando deuda o directamente saqueando el Banco Central. El resultado fue inflación crónica, defaults y crisis recurrentes.
En abril de 2026, por cuarto mes consecutivo, eso no ocurrió.
El Sector Público Nacional cerró el mes con un superávit financiero de $268.103 millones. En criollo: el Estado recaudó más de lo que gastó, incluso después de pagar los intereses de la deuda pública.
Qué es el superávit primario y qué es el superávit financiero
Hay dos formas de medir si el Estado tiene las cuentas en orden.
El superávit primario es la diferencia entre lo que recauda y lo que gasta, sin contar el pago de intereses de la deuda. En abril fue de $632.844 millones. Buena noticia.
El superávit financiero es más exigente: incluye el pago de intereses. Es decir, después de pagar $364.741 millones en intereses de deuda, al Estado todavía le sobró plata. Ese sobrante fue de $268.103 millones.
En los primeros cuatro meses del año, el acumulado equivale a un superávit financiero de aproximadamente el 0,2% del PBI y un superávit primario de aproximadamente el 0,5% del PBI.
Cómo se llegó a ese resultado
Por el lado de los ingresos, el Estado recaudó $13.411.787 millones en abril, un 29,6% más que en el mismo mes del año anterior. Los principales motores fueron el impuesto a los débitos y créditos bancarios —el famoso impuesto al cheque— con un crecimiento del 35,1%, los aportes y contribuciones a la seguridad social con 28,4% y el IVA con 28,1%. El único rubro que cayó fueron los derechos de exportación, que bajaron 17,4%.
Por el lado de los gastos, el Estado erogó $12.778.943 millones, un 34,5% más que un año atrás. El mayor componente fueron las prestaciones sociales —jubilaciones, pensiones y asignaciones— con $8.094.859 millones. Las remuneraciones del sector público alcanzaron $1.620.999 millones.
Un dato para destacar: el gasto de capital —es decir, inversión en infraestructura y obra pública— creció 123,2% interanual, lo que refleja la reactivación de las licitaciones de obras que el Gobierno venía postergando.
Por qué importa
Cuando el Estado gasta más de lo que recauda, alguien paga la diferencia: generalmente los ciudadanos, a través de la inflación o de impuestos futuros. Cuando el Estado gasta menos de lo que recauda, esa presión desaparece y las condiciones para bajar la inflación y estabilizar la economía mejoran.
El superávit financiero sostenido durante cuatro meses consecutivos es lo que el equipo económico llama el “ancla fiscal” del programa: la base sobre la que se sostiene todo lo demás.

Creadora de este diario libre de pauta y ad honorem · Paleolibertaria · Emprendedora · CABA, Argentina.
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