La informática no solo transformó la tecnología: modeló una nueva forma de trabajar basada en la trazabilidad, la auditoría constante y el conocimiento compartido. Laura Toledo analiza cómo ese modelo —ya vigente— empieza a tensionar al resto de las profesiones, y plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto del trabajo cotidiano depende de que no todo quede registrado?