Proyecto Raíces: 1.200 productores de Jujuy y Misiones rescatan semillas ancestrales para preservar la diversidad genética

En un mundo donde la homogeneización de los cultivos avanza y la variabilidad genética se pierde, un proyecto trinacional trabaja en sentido contrario. Según informa el Gobierno Nacional, el proyecto Raíces busca rescatar y fortalecer semillas criollas y nativas en Argentina, Bolivia y Brasil con foco en las provincias de Jujuy y Misiones.

Qué es el proyecto Raíces

De acuerdo al comunicado oficial, el proyecto fue lanzado en noviembre y diciembre de 2025 en Argentina y es financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) con aportes de la Unión Europea. Lo ejecuta el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y cuenta con liderazgo técnico trinacional de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa).

En Argentina, el INTA coordina la implementación técnica a través de su unidad de vinculación tecnológica y de la Fundación Argeninta, con el objetivo de alcanzar a 1.200 productores — priorizando la participación de mujeres, jóvenes y comunidades indígenas.

Por qué importa — en simple

Cuando la mayoría de los agricultores del mundo siembra las mismas variedades comerciales, si aparece una enfermedad o una plaga que afecta esa variedad, el daño puede ser catastrófico y generalizado. La diversidad genética funciona como un seguro biológico, cuanto más variedad existe dentro de un cultivo, más chances hay de que algunas plantas soporten condiciones adversas.

Las semillas criollas y nativas que rescata este proyecto fueron seleccionadas y adaptadas durante generaciones a condiciones ambientales específicas. No solo representan diversidad genética sino también identidad cultural y conocimiento tradicional acumulado durante siglos.

Según destacó Luz Lardone, directora nacional de Transferencia y Extensión del INTA: “Estas variedades no solo representan diversidad genética —clave frente a la variabilidad climática y nuevas presiones sanitarias—, sino también identidad cultural y conocimiento tradicional.”

Cómo trabajan

El proyecto usa dos metodologías complementarias: el Mejoramiento Genético Participativo y el Fitomejoramiento Evolutivo. Ambas consisten en que productores y técnicos trabajen juntos en el campo para seleccionar y multiplicar las variedades más adaptadas a cada territorio — sin imponer soluciones desde afuera sino respetando las dinámicas locales.

Como señaló Doina Popusoi, oficial técnica del FIDA para el proyecto: “El proyecto permite planificar y decidir junto a los agricultores qué es lo más adecuado para cada sistema productivo, buscando variedades resilientes y alimentos más saludables.”

Lo que pasa en Jujuy

En la etapa inicial más de 150 productores participaron en Jujuy — el 95% perteneciente o descendiente de pueblos indígenas, principalmente de la Gran Nación Colla. El trabajo abarca territorios que van desde la Puna hasta los valles templados.

Los cultivos prioritarios son papas andinas, maíces locales, quinua, habas y porotos — variedades que enfrentan el riesgo de ser desplazadas por materiales comerciales uniformes. La Estación Experimental INTA Abra Pampa coordina las acciones en la región.

En localidades como Casti, el proyecto acompaña emprendimientos liderados por mujeres que procesan papas andinas combinando conservación genética con generación de valor económico.

Lo que pasa en Misiones

En Misiones, provincia con una de las mayores riquezas en agrobiodiversidad del país, se involucraron unas 125 familias en la etapa inicial — con fuerte presencia de la comunidad Mbya Guaraní.

El proyecto fortalece las “casas de semillas” — espacios donde se resguardan, clasifican e intercambian variedades locales de maíz, poroto, batata, zapallo y sandía, entre otras. La provincia tiene una larga tradición de ferias y movimientos semilleros que el proyecto busca potenciar.

Productoras como Beatriz Zemunich, guardiana de semillas del Movimiento Semillero de Misiones, destacan que cada variedad conservada es también un conocimiento transmitido de generación en generación.

Los corredores de agrobiodiversidad

Además de las casas de semillas, el proyecto establece corredores de agrobiodiversidad — áreas conectadas de conservación y multiplicación de semillas— integrando cultivos como maíz, girasol, maní, poroto y arroz. También impulsa la elaboración de bioinsumos y prácticas de agricultura regenerativa.

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