Hay una forma muy efectiva de crear una percepción falsa sin mentir del todo: elegir el dato que te conviene, ponerlo en el título con mayúsculas y esconder el contexto en el párrafo 15. Eso es exactamente lo que hizo Clarín esta semana con el consumo.
El titular que eligió Clarín
“EL CONSUMO MASIVO NO REPUNTA Y TUVO SU MAYOR CAÍDA EN 14 MESES” — así tituló el medio. El dato viene de la consultora Scentia y es técnicamente correcto: el consumo masivo cayó 5,1% interanual en marzo de 2026.
Pero hay dos problemas con ese título. Uno es lo que dice. El otro es lo que no dice.
El problema con Scentia — lo que el propio informe reconoce
Scentia mide el consumo en canales físicos tradicionales: supermercados, mayoristas, autoservicios, almacenes y kioscos. Es una medición válida y útil pero representa solo una fracción del consumo real de las familias argentinas.
El propio informe de Scentia incluye un dato que Clarín mencionó al pasar y enterró al final de la nota: el comercio electrónico creció 34,3% interanual en marzo. Treinta y cuatro coma tres por ciento. Ese canal de ventas no está en el título. No está en el primer párrafo. Está en el párrafo que la mayoría no llega a leer.
Es como medir el transporte contando solo taxis y remises e ignorar Uber, Cabify y todas las plataformas digitales. Y después titular: “El transporte está en crisis”.
El segundo problema: confundir partes con el todo
La Oficina de Respuesta Oficial señaló con precisión lo que Clarín hizo: “Una vez más, el medio operador Clarín selecciona un dato parcial del consumo masivo —que representa solo una fracción del consumo privado y una porción menor aún de los ingresos totales de las familias— para construir un título sensacionalista y esconder la verdad.”
El consumo privado total — el que miden las cuentas nacionales del INDEC — registra máximos históricos. Ese dato existe. Clarín lo conoce. No lo puso en el título.
La diferencia entre consumo masivo en canales físicos y consumo privado total no es un detalle técnico, es la diferencia entre una parte y el todo. Un médico que mide solo la temperatura y concluye que el paciente está grave, ignorando que todos los demás indicadores están bien, no está siendo riguroso está construyendo un diagnóstico sesgado. Quizás la persona solo venía de hacer ejercicio.
Lo que sí está pasando — sin ocultar nada
Para ser honestos: el consumo en supermercados y mayoristas sí está cayendo. Ese dato es real y le importa a la gente que va a las góndolas. No vamos a negarlo.
Lo que está pasando es más complejo que una crisis de consumo. Según la propia Oficina de Respuesta Oficial: “Con la estabilización macroeconómica, desapareció la necesidad de consumo defensivo ante la inflación. Los ingresos ahora se destinan también a ahorro, pago de obligaciones, bienes durables, turismo y otras prioridades.”
En simple: cuando había 200% de inflación, la gente compraba todo lo que podía antes de que subiera. Ahora que la inflación bajó, compra lo que necesita y destina el resto a otras cosas. Eso hace que los supermercados vendan menos volumen. No significa que la gente esté peor, significa que está comprando diferente.
El caso Adorni — una pregunta que nadie responde
El periodista Diego Laje publicó algo que merece atención: según informaron Infobae, La Nación y Clarín, el jefe de Gabinete Manuel Adorni habría estado en un avión el 29 de diciembre de 2024 a las 9 de la mañana — y al mismo tiempo hablando por radio. Hace 13 días que Laje pregunta públicamente cómo es posible eso. Ninguno de los tres medios respondió. Clarín incluso reportó una aerolínea diferente a la que mencionaron los otros dos.
No es una acusación, es una pregunta razonable que el periodismo serio debería poder responder. El silencio de tres medios grandes ante una inconsistencia factual en su propia cobertura dice algo sobre cómo funciona ese periodismo.
El problema de fondo
Lo que une el caso del consumo con el caso Adorni no es una conspiración es algo más mundano y más dañino. En algún punto, el periodismo argentino dejó de priorizar la precisión para correr detrás del impacto. No sabemos exactamente cuándo ni por qué ocurrió: si fue la presión de las redes sociales que convirtió la primicia en una carrera sin fin, si fue lo digital aplastando lo artesanal de la información, o si fue simple degradación de una profesión que alguna vez se tomaba en serio a sí misma. Probablemente fue todo eso junto.
Lo que sí sabemos es el resultado: titulares que impactan sobre verdades deformadas, primicias que reemplazan a los hechos verificados y un victimismo mediático que confunde la crítica legítima con el ataque a la libertad de prensa.
Un titular con mayúsculas sobre una caída del consumo genera más clics que uno que explica la complejidad del cambio en los hábitos de compra. Una nota sobre una supuesta “contradicción” en la agenda de un funcionario genera más ruido que admitir que tal vez hubo un error en la cobertura original.
Esa lógica — la del impacto por encima de la verdad — es lo que está diezmando la credibilidad del periodismo argentino. No lo hace un régimen ni una censura. Lo hacen los propios medios con cada titular apresurado, con cada dato sacado de contexto, con la nula autocrítica y proyecciones sobre los demás, con cada victimismo irresponsable que no se hace cargo de nada, con cada pregunta que se evita responder.
Y hay una capa más incómoda: algunos de esos titulares no son solo producto de la pereza o el apuro, sino de instrucciones que “vienen de arriba”. De operadores políticos. De intereses empresariales. No todos los periodistas las reciben. No todos los que las reciben las siguen. Pero el patrón existe, está documentado y ya no sorprende a nadie.
Lo que sí sorprende — y entristece — es que haya personas con formación real, con años de trayectoria y con capacidad genuina de análisis que presten su firma para sostenerlo. Porque al periodismo no lo destruyen los gobiernos. Se destruye solo, una noticia mal contada a la vez.

Creadora de PotusAmarillo.com · Paleolibertaria · Ultra fundamentalista de datos serios · Emprendedora · CABA, Argentina.
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