En unos días los vas a tener repitiendo exactamente el mismo relato aunque se les explique todo APB.
— Potus Amarillo (@PotusAmarillo) July 16, 2026
No existe una economía en la que a todos les vaya genial ni una en la que a todos les vaya mal.
Siempre hay, hubo y habrá tres grupos: quienes la pasan mal, quienes la pilotean y…
En unos días los vas a tener repitiendo exactamente el mismo relato. Aunque se les explique todo en modo APB. Aunque los números digan otra cosa. Aunque la historia los desmienta mil veces.
No existe una economía en la que a todos les vaya genial. Tampoco una en la que a todos les vaya mal. Siempre hay, hubo y habrá tres grupos: quienes la pasan mal, quienes la pilotean y quienes progresan o se enriquecen.
Eso es inevitable. Porque las personas no somos iguales en esfuerzo, talento, decisiones ni circunstancias. Nunca lo fuimos. Nunca lo vamos a ser.
El problema no es que existan esos grupos. El problema es cómo se forman.
En el modelo anterior — el que nos tuvo décadas en el mismo lugar — los que siempre estaban bien eran los políticos, los empleados públicos y los parásitos del Estado. El resto cargábamos con las consecuencias. Pagábamos impuestos para sostener ese sistema. Aguantábamos la inflación que ellos generaban. Veíamos cómo el peso de sus decisiones caía siempre sobre los mismos.
Eso sí era injusto. No que hubiera tres grupos. Sino que uno de esos grupos siempre fuera el mismo, sin importar lo que hiciera el país.
Sin importar quién gobierne, siempre van a existir esos tres grupos. Eso no lo puede cambiar ningún presidente, ninguna ley, ninguna política pública.
Lo que sí cambia es cuánto crece el promedio general. Y si quienes están “abajo” tienen más o menos oportunidades reales de mejorar.
Una aclaración que me parece importante: cuando digo “abajo” no estoy hablando de estatus social ni de valor humano. No creo que haya personas superiores o inferiores a otras, eso no existe.
Estoy hablando únicamente de recursos: hay personas con menos recursos que otras. Eso es todo. Y esa diferencia no dice nada sobre el valor de una persona, su dignidad ni su lugar en el mundo.
En una economía libre el piso sube mucho más y hay más para más personas. No porque el Estado lo garantice — sino porque cuando la gente puede trabajar, producir, ahorrar e invertir sin que el Estado le saque todo con impuestos y regulaciones, el resultado es más riqueza para todos.
En cambio, los sistemas que intentan forzar la igualdad de resultados terminan siempre igual: empobreciendo a todos y creando nuevas castas privilegiadas. No es una teoría. Siglos de ejemplos en todo el mundo lo demuestran.
Las generalizaciones del tipo “a todos les va mal” o “a todos les va bien” suelen venir de un análisis económico inmaduro. Uno que confunde promedios con realidades individuales. Que no entiende cómo funciona realmente la creación de riqueza. Que mira una foto borrosa y cree que está viendo la realidad entera.
La realidad es más compleja y más interesante que eso. Hay gente que en este momento está perdiendo. Hay gente que está sosteniéndose. Y hay gente que está creciendo. Los tres grupos coexisten siempre, en cualquier economía del mundo, en cualquier momento de la historia.
La pregunta inteligente no es “¿a todos les va bien o mal?” La pregunta inteligente es: ¿el piso está subiendo? ¿Los que están abajo tienen más chances de mejorar que antes?
La riqueza se crea, no se redistribuye como si hablásemos de una torta fija. Crece cuando hay mentalidad de construcción en lugar de mentalidad de reclamo, cuando se deja de buscar culpables y se empieza a buscar soluciones, cuando el esfuerzo tiene un fin concreto y vale la pena perseguirlo porque el Estado no te lo va a quitar todo.
Eso no significa que la situación de cada persona dependa solo de su actitud. El Estado -con impuestos y regulaciones- puede hacer imposible que alguien progrese aunque tenga toda la voluntad del mundo. Por eso importa tanto el modelo económico que elegimos, a quien votamos y qué ideas apoyamos: no para garantizar resultados iguales sino para que el esfuerzo genuino tenga chances reales de dar frutos.
Si en lugar de perder el tiempo hablando de pobreza generalizada dedicaran más energía a pensar cómo generar riqueza, la conversación pública sería muy diferente. Y probablemente el país también.

Creadora de este diario libre de pauta y ad honorem · Paleolibertaria · Emprendedora · CABA, Argentina.
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