El multiverso en capas: como las capas de una cebolla

Hace algún tiempo, volví a leer a Nietzsche y su idea del eterno retorno, la noción de que nuestra vida se repite eternamente, idéntica en cada detalle. Esa idea no me dejó en paz. Me pregunté ¿y si no se trata de una sola vida que vuelve una y otra vez, sino de muchas versiones de nosotros mismos viviendo simultáneamente en diferentes capas de realidad?

Esa reflexión me llevó a conectar la filosofía con la física cuántica y a desarrollar mi propia visión del multiverso.
Para mí, no es un árbol que se ramifica con cada decisión. Es mucho más simple y profundo, el multiverso son capas superpuestas, como las capas de una cebolla.
Un universo encima de otro, coexistiendo en el mismo “espacio” pero en niveles ligeramente distintos.
Están tan cerca que casi se rozan, pero normalmente no interactúan.
Cada capa es un universo completo, con sus propias versiones de los hechos y de nosotros mismos. Forman parte de un mismo todo, envueltas unas sobre otras.

Esta imagen no surgió de la nada. Nació al entender cómo funciona la mecánica cuántica, y el mejor ejemplo para explicarlo es el experimento de la doble rendija, o lo que yo llamo “el experimento de la rejilla”.
Imaginá lo siguiente: disparás electrones (partículas pequeñísimas) uno por uno hacia una placa con dos rendijas muy juntas, como una rejilla. Detrás hay una pantalla que registra dónde impactan. Si los electrones se comportaran como bolitas comunes, deberían pasar por una rendija o por la otra y formar solo dos líneas en la pantalla.

Pero la realidad cuántica es mucho más extraña. Cuando no los observás, los electrones no eligen, pasan por las dos rendijas al mismo tiempo. Se comportan como ondas y crean un patrón de interferencia, franjas brillantes y oscuras, como si cada electrón hubiera interferido consigo mismo.
Sin embargo, en el instante en que intentás medir o observar por cuál rendija pasó, todo cambia. La superposición desaparece, el electrón “elige” una sola rendija y el patrón de interferencia se esfuma. Se comporta como una partícula normal.

Este experimento muestra algo fascinante: mientras no observamos, la realidad existe en una superposición de estados posibles. Todas las posibilidades coexisten al mismo tiempo.
Ahí es donde encaja mi idea de las capas de cebolla. Cada una de esas posibilidades no desaparece, se realiza en su propia capa. En una capa el electrón pasa por la rendija izquierda, en otra por la derecha, y en una tercera produce la interferencia completa.
Todas las capas existen simultáneamente, superpuestas. Nosotros solo percibimos una de ellas, la que medimos y observamos en nuestro día a día. La decoherencia cuántica sería lo que mantiene las capas separadas lo suficiente para que no se mezclen de forma evidente.

Si unimos esto con el eterno retorno de Nietzsche, la cosa se vuelve aún más potente.
Tal vez su idea no sea un círculo en el tiempo, sino algo vertical, infinitas versiones de uno mismo, cada una viviendo su vida en una capa diferente de las mismas capas de cebolla. Algunas muy parecidas a la de uno mismo, otras radicalmente distintas según las decisiones que tomaron (o que no tomaron).

Esta forma de ver el multiverso me genera una profunda sensación de humildad y maravilla. Me hace pensar que lo que llamamos “realidad” es solo la capa que estamos percibiendo ahora. Cada elección que hacemos no crea un universo lejano: simplemente actualiza cuál capa estamos sintonizando con más claridad. Todas las otras versiones siguen existiendo, muy cerca, en las capas contiguas.

¿Alguna vez te despertaste con la extraña sensación de haber conversado con personas que te resultan profundamente familiares, aunque en esta vida jamás las hayas conocido? ¿O te encontraste recorriendo lugares que no existen en tu realidad… pero que, de alguna forma inexplicable, sentís que ya habitaste?

La respuesta la vamos a descubrir en el próximo artículo.

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