La liviandad progre que escupe sobre la sangre argentina: hablan de Montoneros como si fuera un chiste de TikTok
Mirá este video. Gente joven, cómoda, con micrófonos caros y plantas de fondo, haciendo referencia a una de las etapas más sangrientas de nuestra historia como si fuera folklore militante. “Montoneros”, “guerrilla”, “entrenamiento secreto”… como stickers de WhatsApp para el grupo de “cumpas” adoctrinados.
Kukas enfermos: están dispuestos a hacerse montoneros pic.twitter.com/g9JCooNyaZ
— Mate con Mote (@MateconMote) February 20, 2026
(video @MateconMote)
Para muchos argentinos, decir “montonero” es sinónimo de padres desaparecidos, niños huérfanos, bombas en supermercados y viudas que no olvidan.
Lo verdaderamente espantoso no es solo lo que dicen, sino la impunidad emocional con la que lo dicen frente a quienes los miran. Tener un micrófono adelante no los hace impunes a la arrogancia de la maldad.
En esa guerra social que vivimos murieron muchísimos inocentes: personas que no tenían nada que ver con ninguno de los dos bandos, incluidos niños. Ahora los ves hablando con total liviandad y te das cuenta de que no tienen la menor idea de lo que realmente se vivió en este país.
Tanta película setentista -contada del lado que les convenía- no les sirvió ni para ordenarles los patitos democráticos. Hablan de unirse a un grupo guerrillero como quien habla de elegir un nuevo outfit para ir al shopping.
Parece que para ellos «dictadura», «torturas», «bombas», «montoneros», «militares», «muerte»… solo son palabras, no son más que eslóganes vacíos, palabras que no pesan, que no les duelen. Palabras que dicen riéndose, haciendo chistes, romantizando la violencia armada y la guerrilla como si fuera el estreno de una serie de Netflix que no tienen que perderse o un club de macramé para hippies de feria.
Y yo que no salgo del asombro…
Así de huecos e insensibles los deja la ideología de muerte y odio que militan.
Han repetido tanto su versión ficticia y adoctrinada de la historia que ya son incapaces de sentir el dolor inmenso que significó para el pueblo argentino atravesar todo aquello.
Inmunes al dolor real no muestran el menor respeto por lo que vivimos, por los que perdieron familiares, por los que sobrevivieron a la violencia de Montoneros. Y lo peor es que desean para todos que volvamos a vivir ese calvario.
Realmente no queda otra que pensar que son almas perdidas, espiritualmente huecas, socialmente tóxicas y cívicamente analfabetas. Odiadores seriales que todos los argentinos deberíamos rechazar con fuerza.
Y lo peor: después tienen el descaro de hablarte de “respeto por la historia” y “empatía”.
Esta es la Argentina que ya no somos… o al menos la que no deberíamos volver a ser nunca más.
La que romantiza asesinos, minimiza masacres y se ríe del dolor ajeno mientras posa de insensible y victimista.
A los que todavía recordamos, a los que perdieron amigos y familiares, a los que vieron el horror de cerca: mis respetos y mi solidaridad. Un medio de comunicación no debería jamás mofarse de la tragedia y el dolor humano.
Un medio que llega a jóvenes inculcándoles que todo da lo mismo, que las palabras no tienen peso, que da igual “democracia” o “guerrilla”, que está bien decir cualquier barbaridad, solo puede causar daño en el alma de la Argentina.
Ojalá hayan generado en otros el mismo repudio que generaron en mí; sería un signo de que no todo está tan perdido.
Si un pueblo que olvida su historia está condenado a repetir sus errores ¿qué nos queda a los argentinos con estos ignorantes que normalizan la sangre derramada y convierten nuestra tragedia en un chiste barato?
Nos queda resistir a la normalización de la maldad, cuidar nuestra sensibilidad humana, recordar y rechazar con fuerza a quienes pretenden que el horror vuelva a ser opción.
El respeto por la vida no se mendiga con frases huecas en pañuelitos estampados cuando conviene; se demuestra honrando a los que sufrieron con respeto, no aspirando a dañar a otros.
Se demuestra negándonos a que la barbarie se vista de meme a cambio de dos visualizaciones.
