La esclavitud Argentina
La reciente media sanción de la reforma laboral en el Congreso ha reactivado el habitual teatro de sombras de la oposición. Desde las voces de la izquierda y el kirchnerismo, se ha calificado la modernización de los contratos de trabajo como un “retorno a la esclavitud”. Sin embargo, para quienes analizamos los sucesos sin un interés particular mayor que el bien común, queda claro que los verdaderos patrones no están en las empresas, sino en las estructuras de poder que han sometido a la Argentina durante décadas.
Como bien advirtió Friedrich Hayek en Camino de servidumbre, la pérdida de la libertad económica es el primer paso hacia el control total del individuo. En Argentina, este proceso se ha perfeccionado mediante varios factores, uno de ellos es la legislación laboral que, bajo la excusa de proteger al trabajador, solo ha logrado informalizar y destruir el empleo privado.
La Ley 20.744 de Contrato de Trabajo, es un eslabón clave en un mecanismo de transferencia de poder. Cuando una ley fomenta la “industria del juicio” y asfixia a las PyMEs hasta obligarlas al cierre, no se está defendiendo un derecho, se está eliminando la competencia.
Sin empresas que ofrezcan trabajo, el ciudadano pierde su autonomía y se ve forzado a transitar el camino de servidumbre que desemboca en la ventanilla del Estado o en el despacho del puntero de una organización social. Es en este escenario de escasez, fogoneado por la política tradicional que redactó estas leyes, donde se vislumbra la verdadera “esclavitud moderna” de nuestro país. A lo largo y ancho del país vemos un fenómeno del cual nunca se escuchó hablar a un político, la servidumbre del Estado, cientos de miles de empleados públicos son obligados a militar después de hora durante los años electorales viendo así su dignidad canjeada por la obediencia debida a la política. Y por el otro lado, el gerenciamiento de la pobreza que realiza la izquierda en general, se definen como defensores de los trabajadores pero construyeron sus feudos mediante la intermediación de planes sociales. El sistema de presentísmo en las marchas y los retornos solicitados a los beneficiarios de los planes son la prueba más clara de que, para estos sectores de la ultraizquierda, el ser humano no es un fin en si mismo, sino un recurso para financiar su ansiada revolución.
La importancia de la reforma laboral radica justamente acá, en el corazón del sometimiento político. Hayek sostenía que la libertad es inseparable de la competencia. Cuando hay muchas empresas compitiendo por talento, el trabajador no se conforma y recupera el poder de negociación autogenerándose así mayores beneficios.
Un argentino que puede elegir dónde trabajar es un argentino que ya no necesita pedirle permiso a un gerente de la pobreza o a un burócrata de turno para existir. Nadie elige voluntariamente la humillación del piquete forzado cuando tiene la opción de integrarse a un mercado laboral competitivo. Por eso la oposición grita hipócritamente “esclavitud”: porque saben que la reforma les quita a sus servidores.
