Greenpeace y el activismo de cholulo: treparse al Congreso para “salvar glaciares” y ensuciar todo

Un grupo de valientes activistas de Greenpeace se trepó al Monumento de los Dos Congresos para plantar banderas y así, con gesto heroico, salvar a los glaciares de la reforma a la Ley.
Listo.
Ya está.
Problema resuelto.
La ley modificada, el gobierno en jaque y el cambio climático temblando de miedo. Misión cumplida, planeta salvado.
Gracias, muchachos. El mundo entero respira aliviado.
Terminaron como corresponde: detenidos.

Este tipo de “protestas” ya son un clásico del activismo de izquierda ecológica: mucho teatro, mucha cámara y cero resultados concretos. Solo dejan una cosa clara: daño a la propiedad pública o privada, monumentos ensuciados, cuadros manchados con pintura, vidrieras rotas y museos convertidos en lienzos de sus frustraciones.

No plantan un solo árbol.
No limpian un solo río.
No inventan una sola tecnología que realmente ayude al medio ambiente.

Pero sí generan gastos millonarios al Estado y a los contribuyentes que después tenemos que pagar entre todos para reparar sus “obras de arte”.

Sus acciones no están basadas en ciencia seria, sino en una ideología apocalíptica que lleva décadas anunciando el fin del mundo… que nunca llega.
Mienten, exageran y manipulan datos para justificar su existencia y, sobre todo, para seguir recibiendo millonarias donaciones.

Si tanto les preocupa el planeta, que lo cuiden desde su casa: teniendo una compostera en el balcón, plantando una huerta, consumiendo menos basura, apagando luces que no usan o juntando la basura del barrio y reciclándola. Pero no.

Prefieren treparse a monumentos nacionales, ensuciar propiedades ajenas y después hacerse los mártires cuando los detienen.

El activismo que solo ensucia, rompe y molesta no salva glaciares.
Solo genera más rechazo y demuestra, una vez más, que su verdadero objetivo no es el medio ambiente, sino la militancia y la destrucción simbólica del orden. Si, una vez más, la izquierda tomando una causa noble como lo es el cuidado de nuestro planeta y llevándola a su versión más degradada para enriquecerse en el camino.

El planeta va a seguir girando igual aunque pongan banderitas.
Lo único que realmente se ensucia con estas payasadas es la imagen de un activismo cada vez más vacío, inútil y adolescente.

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