El León de Bastiat
Hoy los medios analizan la visita de Javier Milei a Fátima Florez en el teatro Roxy como una excentricidad del Presidente, pero hay algo no menor que pasan por alto y que desarrollaré a lo largo de esta nota.
Para entenderlo, primero debemos tener claro un hecho anterior: Milei fue duramente criticado por los apodos que le adjudicó a artistas como Lali Espósito (Lali Depósito) o María Becerra (María BCRA). En realidad, lo que hacía era exponer un método de financiación de artistas con fondos públicos; y no de cualquier artista, sino de aquellos que servían a la construcción de la hegemonía cultural.
Siguiendo el manual de Gramsci y algunos consejitos de Goebbels, la izquierda secuestró la cultura para dominar la política. Crearon grandes barreras en el teatro, el cine y la música, instalando ese versito de la cultura nacional y popular que esconde un peligroso mensaje: “la sensibilidad es incompatible con el capitalismo”. Así, la cultura, se convirtió en lo que es hoy: un club de amigos que cobra fondos públicos para repetir el discurso del Estado presente, rechazando o silenciando a todo artista que ose pensar diferente.
Otro hecho a destacar, en la presentación de su último libro “La construcción del milagro”. El Presidente abordó esta batalla de una manera diferente: con la Banda Presidencial, llenando el Movistar Arena y demostrando que en la música no hace falta ser de izquierda para llenar estadios.
Es por eso que la visita de ayer a Fátima Florez es erróneamente caratulada como una excentricidad, siendo verdadera coherencia ideológica. El Presidente sigue demostrando, esta vez en el teatro, mediante el abrazo a una artista que vive de su talento y no del Estado, que no hacen falta subsidios para que la cultura viva.
La batalla cultural no se gana solo con libros de economía; se gana ocupando los espacios. Y ahí está el León, rugiendo en las tablas de Mar del Plata donde nadie lo esperaba.
